Todo estaba preparado. Estábamos listos para atacar y en posición. Mis dos compañeros y yo nos habíamos escondido en una de las casas abandonadas de esa ciudad fantasma, que se había convertido en el campo de batalla tras la bomba.
Miki estaba en el tejado, con los prismáticos, buscando al enemigo. No podía estar muy lejos: se escuchaba un motor acercarse.
— Ya los veo chicos — se le escuchó por el walkie. — Son tres, van en un Jeep. Si no atacamos ahora nos van a quitar el factor sorpresa.
No podíamos fallar. No debíamos fallar. Solo teníamos esa oportunidad.
Marina tenía demasiadas heridas como para salir a luchar después del último ataque. Miki tardaría un par de minutos en bajar. Solo quedaba yo. Todo dependía de mí.
Me acerqué a la ventana con mi rifle. Apunté hacia donde Miki me había señalado. Aparecieron por la mira. Con un solo disparo podía hacer volar el coche.
Apunté y puse el dedo sobre el gatillo. Tres, dos, uno…
— Que os jo…
— ¡Juan! ¡Pausa ya que vamos a comer! ¡Y no digas tacos!
— ¡Joder, mamá, que es online! ¡No se puede pausar!
— ¡Que no digas tacos!

No hay comentarios:
Publicar un comentario